¨Educar en el asombro, es valorar el tiempo de la infancia, descubriendo en pequeños detalles, grandes aprendizajes¨.

Paola Eljaude

Aprendemos a sembrar y cosechar nuestros propios alimentos. Aprendizaje que muchas veces se traslada a los hogares.

Si se tiene en cuenta que el niño/a aprende a través de tocar y en relación directa con el entorno que lo rodea, el centro ha de ofrecer experiencias que le faciliten este contacto. Tocar la tierra, el agua, acerca al niño/a a la naturaleza.

De la huerta a la cocina intenta integrarse como una propuesta que permita al niño/a acompañar procesos, instaurar la capacidad de espera. En este sentido el taller de cocina y el espacio de mini- huerta constituye un espacio privilegiado.

La cocina es una mezcla de juego, ciencia y arte, que ejercita permanentemente la capacidad de observar, experimentar y crear.

El taller de cocina es de gran potencial formativo en el aspecto manual, artístico, científico, nutricional y afectivo, borrándose las fronteras entre el juego, la necesidad y la utilidad.

Al manipular objetos y utensilios en diferentes modos (enroscar, tapar, llenar, amasar, verter, exprimir y otros) se desarrolla la motricidad y se ayuda al logro de la autonomía.

Cocinando también se fomenta el trabajo cooperativo, es decir, la importancia del trabajo en equipo.

La matemática se presenta de forma constante, agregamos, sacamos, mezclamos, repartimos.